Cerveza Artesanal de color dorado intenso, de aspecto limpio y cristalino, tradicionalmente maltosa, tirando a dulce y algo afrutada. Con graduación alcohólica ligera y con un amargor muy moderado es refrescante y agradable.
Cerveza Artesanal con un perfecto balance entre graduación alcohólica, amargor y un sutil sabor a miel. Es suave y refrescante y se perciben en el aroma tonos a miel característicos de este estilo.
Cerveza Artesanal de color negro con una buena capa de espuma marrón, cremosa y de buena retención, intenso aroma a café y leves notas de vainilla y tofe. En la boca se distinguen notas de café, chocolate, tofe y caramelo, tiene un cuerpo medio, carbonatación media y final amargo y duradero.
Cerveza Artesanal de color cobre rojizo, aromas malteados y con poco aroma a lúpulo. El sabor que deja en la boca es caramelizado con un sabor final un poco tostado, seco y ligero.
Cerveza Artesanal que combina dos lúpulos diferentes que otorgan un amargor suave y un aroma con sutiles notas frutales. Una cerveza fácil de beber y refrescante.
Se la considera uno de los estilos “refrescantes” por excelencia, suave y ligera en boca.
¡En las horas de sol aplastante una Cream Ale hace maravillas!
En Cervezas Morac, creemos que la mejor cerveza es el resultado de la pasión, el respeto por los ingredientes y un proceso meticuloso. No se trata solo de seguir pasos; es un ritual ancestral donde cada etapa está cuidadosamente pensada para transformar elementos simples de la naturaleza en una experiencia de sabor inolvidable. Te invitamos a descubrir el arte y la ciencia detrás de cada botella.
La molienda es la puerta de entrada a nuestro proceso artesanal. Con precisión, trituramos la malta de cebada, asegurando la granulometría perfecta. Este primer paso es crucial, ya que una molienda correcta maximiza la extracción de sabores y aromas que caracterizarán a cada variedad de Morac.
En esta etapa, el almidón de la malta se convierte en azúcares fermentables. Mantenemos el mosto a una temperatura y tiempo exactos, permitiendo que las enzimas naturales hagan su magia. Es aquí donde las características de la malta se transfieren al líquido, sentando las bases del cuerpo y la complejidad de nuestra cerveza.
Con el hervor, esterilizamos el mosto y lo preparamos para el siguiente paso. Es el momento de la verdad, donde añadimos el lúpulo. Este ingrediente, tan importante, no solo aporta el amargor y el aroma característicos, sino que también actúa como conservante natural. El tipo y el momento en que se añade el lúpulo definen si nuestra cerveza será más amarga, más aromática o ambas.
Un enfriamiento rápido es vital. Llevamos el mosto a la temperatura ideal para la fermentación. Este proceso, que se realiza de manera controlada y en un ambiente estéril, asegura que la levadura, nuestro siguiente actor principal, se active en las mejores condiciones.
¡Aquí nacen las variedades! La levadura, nuestra pequeña aliada, transforma los azúcares fermentables en alcohol y CO2. Cada estilo de cerveza Morac utiliza una levadura específica, que aporta sus propios matices y perfiles de sabor. La fermentación puede durar días o semanas, y es un proceso que monitoreamos con total dedicación para lograr el sabor y la carbonatación perfectos.
Una vez finalizada la fermentación, nuestra cerveza está casi lista. En esta etapa, se deja reposar para que los sabores se integren y maduren. Este descanso final es el que define la claridad, el aroma y la complejidad de la cerveza. Solo después de este período, se envasa cuidadosamente y cada botella de Morac queda lista para ser disfrutada.
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